Estaban todos en fila esperando su turno para ser puestos en brillantes y lucidas cajas. Algunos estaban alborozados por el lindo color que les había tocado y se pavoneaban presuntuosos ante otros que se sentían molestos porque según ellos, sus colores eran oscuros, feos y sin vida.


Algo retirado del grupo estaba, triste y sin ánimos, el Creyoncito Blanco. No podía comprender su color. No era oscuro como el negro pero tampoco brillante y llamativo como los otros. Se sentía diferente y acongojado. No dejaba de preguntarse por qué le había tocado, justo a él, un color tan frío y sin vida.


Buscaba con disimulo  a su alrededor, otro parecido a él, quería compartir su penuria pero no veía otro igual.


Habían muchos azules con tonalidades diferentes pero azules al fin y al cabo. Llevaban el color del infinito, de los sueños. Eran inteligentes y plenos de sabiduría.

 


También habían distintos tipos de lila llenos de misticismo. Lucían un tanto tristes y afligidos pero por  razones distintas a las que afectaban al Creyoncito Blanco. Los tonos más púrpuras parecían salidos de un palacio derrochando  gran suntuosidad. como si pertenecieran a la realeza,.

 


Más allá, encandilaban con su luz los amarillos. Cuanto parecido con el sol tenían. Eran fuertes y arrogantes porque sabían que representaban el oro, la fuerza y la voluntad.

 


Y que decir de los verdes, estaban llenos de esperanzas y sin duda alguna, hacían recordar a la primavera por su frescura y juventud.

 


De pronto, el Creyoncito Blanco se sintió atemorizado. Un miedo espantoso se apoderó de él al encontrarse con los rojos. Sintió muy de cerca el peligro porque ellos le recordaron al fuego, a la sangre, al diablo y el mal. No podían ocultar su ambición por lo material y por estar presto a emprender grandes revoluciones dejándose llevar por los impulsos más que por la reflexión. Parecían evocar la guerra al lucir como emperadores romanos. Inspiraban desconfianza, crueldad y rabia. Lo que no entendía el Creyoncito Blanco era el por qué algunos le atribuían ese color a la pasión,. Imaginó que se debía justamente a la pasión que le ponen los rojos a su desmesurada maldad.

 


La tristeza del Creyoncito Blanco aumentó al darse cuenta de que no había ningún otro como él, y eso lo hizo sentirse aún más desolado. Empezaba a llorar cuando se dio cuenta de que le llegaba el turno de entrar a la caja. La quietud y la calidez que sentía al estar todos tan juntos, hizo que muy pronto se quedara dormido.


Pasaron algunas horas cuando el Creyoncito Blanco despertó al sentir  que la caja se abría. Cuando reaccionó ya estaban todos libres sobre una mesa bajo la mirada de un niño que los veía con indecisión mientras observaba con detenimiento el dibujo que tenía en sus manos. Por fin se decidió por el verde quien se sintió feliz al darle color a un frondoso árbol mientras otro tono de verde empezó a danzar sobre un espeso pasto.

 

 

El marrón pudo también lucirse al rellenar el tronco del árbol y la linda casita de madera. El lila, el amarillo y el rojo le dieron vida a las flores que bordeaban el camino que llevaba al portón de la pequeña casita.

 

Todos pudieron deslizarse sobre el papel guiados par las manos del niño quien creyó haber coloreado su dibujo correctamente.


Muy triste quedó el Creyoncito Blanco cuando se dio cuenta una vez más de que no era tan importante como los otros. Sollozaba, tenía roto el corazón, se sentía inútil, seguía sin comprender la razón de su existencia. Era como si no fuese un color. Estaba seguro que al irse de este mundo no dejaría huella alguna porque el papel era tan blanco como él y por mucho que se empañara, jamás dejaría su marca.


Al regresar todos a la caja, el Creyoncito Blanco quedó al lado del creyón de color negro. Lo había visto de lejos pero cuando quiso acercarse ya lo estaban empujando para entrar en la caja. Le llamó la atención su mirada compungida lucía solitario, ausente y un tanto misterioso pero al Creyoncito Blanco, sin embargo, le parecía muy elegante, sofisticado y sexy.


El creyón negro, aprovechando la cercanía, preguntó  la razón de su cara triste, El Creyoncito Blanco le explicó su decepción porque pensaba que su color no tenía razón de ser.


Asombrado el creyón negro le replicó:


- Cómo puedes decir eso? Desde que te vi, antes que nos empacaran, quise alcanzarte para proponerte algo que tenía en mente.

 

- Proponerme algo a mi? y en que podría yo serte útil?

 

- Estoy seguro de que juntos lograríamos crear un nuevo color.


- Hablas en serio? - Le respondió el Creyoncito Blanco -  por favor no te burles de mi.


- No me burlo, si nos unimos saldrán tonalidades de grises, no será propiamente un color será mas bien como una transición entre ambos Simbolizará la neutralidad porque estará justo entre tú y yo, entre el bien y el mal, entre las penas y las alegrías.


- Me siento emocionado. Jamás pensé que podría ser tan importante. Podré crear otro color y quizás trabajar con otros colores y cambiar sus tonalidades.


- Por supuesto que sí. Nunca descartes la importancia de trabajar en equipo. Hay momentos en que nos sentimos mal, creemos que no servimos para nada, nos sentimos inútiles, acabados y es así como otros nos verán, sobre todo los que no miran más allá de sus puntas. Quienes nos empeñamos en ver con profundidad y detenimiento podremos apreciar los valores internos que llevamos dentro. No podemos dejarnos llevar por las simples apariencias.


- No sé como agradecerte tus palabras, gracias a ti me siento más optimista y capaz de realizar grandes cosas. Pero dime algo, a pesar de todo el entusiasmo que pones en lo que dices, noto en ti un deje de tristeza y no puedo comprender la razón de la misma. Que te ocurre?, Cual es la razón de tu pena?


- Porque me identifican con la muerte, la maldad y la rebeldía. Pero trato de no pensar mucho en ello porque también sé que resulto muy elegante y puedo representar, en todo momento, el poder y la formalidad.


- Y yo, quien soy entonces? qué cosa  justifica mi existencia?


- Tú  eres el bien, la pureza, la virginidad, la inocencia, la bondad. Tú tienes una connotación positiva, a mi, por el contrario, me adjudican lo negativo. Debes entenderlo, yo no soy un color, más bien soy la ausencia de colores pero tú sin embargo, eres la unión de todos ellos.


El Creyoncito Blanco salió muy fortalecido de esa conversación, quería creer en todo cuanto le había dicho el creyón de color negro. De ser cierto todo aquello, su vida tendría mayor sentido.


Sus reflexiones se disiparon de repente cuando sintió que rodaba junto a los otros colores sobre la misma mesa donde estuvo antes. Allí estaba el niño de nuevo con su mismo dibujo y sin dilación tomó el creyón azul y empezó a colorear el cielo que iluminaba la casita bajo el árbol junto al camino lleno de flores.

 

Fue entonces cuando se sorprendió al ver que el niño lo tomaba a él entre sus dedos. Pintó sobre el azul y el Creyoncito Blanco se sintió poderoso al ver como el azul se tornaba más pálido, más celeste, más propio de un bonito cielo. Su alegría no terminó allí, el niño había dibujado nubes blancas y brillantes escondiendo los fuertes rayos de un sol inclemente.

 


El niño se había dado cuenta del valor que tenía el Creyoncito Blanco y conociendo sus bondades no dudó en utilizarlo para darle más realismo al paisaje que había delineado.

 

Fue entonces, al ver el niño su dibujo coloreado adecuadamente,, cuando se sintió plenamente satisfecho.

 

 

 

 


Moraleja:

 

 

 


Aprendamos a ver con el corazón, a sentir con los ojos y a palpitar con la piel. Es la única manera de encontrar las bondades oculta de quienes verdaderamente pueden ayudarnos a sentirnos grandes, útiles y poderosos. Junto a ellos, el Universo entero cobrará mayor sentido porque caminaríamos todos en yunta, arando nuevos caminos, cultivando flores en los mares y sembrando estrellas en nuevos cielos.

 


 

 

Imágenes

de la Red

 

Tubes Caja y Creyones

Morella Jiménez



 

 

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