Por: Marcio Veloz Maggiolo

 

Durante solo una mañana, la gota de agua vivió en la superficie de una hoja de almendro.

En cuanto el sol comenzó a calentar el bosque, la temblorosa hoja se calentó también y la gota de agua se evaporó lentamente, yendo a reunirse con miles de gotas iguales en el cielo azul de la mañana. No quería lo gota de agua mezclarse con otras. Quería ser única, igual siempre e hizo lo posible por mantenerse alejada de sus compañeras que iban ya conducidas por el viento.

Una gota pequeña, que por breve tiempo había vivido en un pétalo de rosa, se acercó a ella.

- ¿Por qué quieres andar sola, no ves acaso que nos protegemos si nos desplazamos juntas?

- Tengo miedo de unirme con otras gotas, porque entonces dejaría de ser yo misma.

- Pero unidas a las demás garantizas tu vida, se te hace más fácil.

La gotita más pequeña le explicó que juntas podrían formar ríos, convertirse en lagos, ser parte del mar, seríamos capaces de regar en lluvias los conucos de los campesinos, ayudar a miles de gentes que necesitan del fruto para vivir, podríamos ser oasis en el desierto, en donde las caravanas necesitan del agua para sobrevivir.

la gota se quedó pensativa.....

- Pero si me mezclo con ustedes tendré que moverme de acuerdo con lo que quieran todas y no de acuerdo con lo que pienso yo.

El viento arreció y la gotita se perdió entre negras nubes de lluvia dejando en el silencio a la gota rebelde.

Pasaban los años y un bien día la lluvia comenzó a caer entre los castillos de altas torres de una vieja aldea misteriosa. Dentro de los ventanales se escuchó una voz débil:

- Hey, amiga, hey, amiga.

La gota que se columpiaba sobre los junquillos pudo ver una mancha clara y reconoció enseguida a la vieja gota de agua con la muchos años atrás había tenido conversaciones.

La gota rebelde se quejaba, sentía grandes penas, sufría mucho porque en el castillo donde estaba formó parte de la sangre de un jilguerillo, luego se convirtió en sangre azul de un gato palaciego, después pasó a ser saliva pegajosa y triste; por último, lágrima de princesa, así que el destino de la rebelde gota se había estancado.

La pequeña gota amiga se condolió. El aguacero retornaría en un momento, el viento soplaría otra vez y volvería a volar con sus demás compañeras.

Convencida de su error, la gota rebelde estaba dispuesta a reunirse con las otras, sus viejas compañeras de siglos.

Las gotas amigas hicieron un gran charco donde la gota doliente pronto quedó convertid en parte de la misma lluvia.

Cuando el sol evaporó el charco todas empezaron a elevarse convertidas en tenue y unido vapor de agua.

La gota rebelde se dio cuenta de que ella sola nunca hubiera podido recuperar su libertad.

 

 

 

Ilustración: José Heriberto Sánchez

 

Compilación "Cuentos Ecológicos"

Tomás Castro Burdiez

 

 

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